Bola de Espejos


10. Pasión de tango

Posted in Español, General by admin on the Marzo 21st, 2008

Por Leandro Fogliatti

www.enacciondigital.comDesde el desafortunado encuentro con Rodri y su acompañante, en la disco, Gabriel había estado ausente de todo.  Aquella noche, incapaz de reacción, había dejado que la feliz pareja se alejara con paso humillante.  Con el correr de los días, había visto a mi roomie absorto frente a nuestra computadora, perdido en misteriosas cavilaciones.  Después vinieron esas salidas en horarios que desentonaban con su rutina diaria.  Pero lo más alarmante de todo, lo realmente preocupante, era que todo esto lo hacía…  ¡en silencio!

“Tenemos que hacer algo con Gabriel”, le dije a Fernando, mientras lo acompañaba a llevar a Noelia al colegio.  Fernando me garantizó que ya se le pasaría.  Sin embargo, acordamos que la de Rodri era la relación más seria que mi roomie había tenido y que, por lo tanto, era difícil prever cómo terminaría todo esto.  Nuestras especulaciones acerca de Gabriel fueron interrumpidas por Noelia.  “¿Cot?”, preguntó la niña. “Scott no pudo venir… -Fernando me miró- … otra vez”.  Las cosas entre Fer, Scotty y Laura no se habían calmado.  Laura había exigido que directamente Scott no tuviera mayor contacto con su hija.  Por lo tanto, los acompañamientos a la escuela se habían suspendido y cuando a Fer le tocaba pasar tiempo con su hija, generalmente lo hacía fuera del departamento, para minimizar el contacto con su pareja.  Todo esto había enrarecido aún más el clima entre mis amigos.

Dejamos a Noelia en la escuela y nos llegamos hasta mi departamento, en donde encontramos a Gabriel, derramando lágrimas frente al monitor de nuestra computadora, mientras escuchaba a Valeria Lynch.  Tanto nos impactó esa imagen que Fernando y yo supimos que era el momento de actuar.  Decidimos que lo mejor sería sacarlo a pasear aquella noche y no dejarlo solo por los próximos días.  No todo estaba perdido, según parecía, ya que fue el propio Gabriel quien sugirió un lugar para ir a cenar.  ¡Perfecto!  “¿Vendrá Scotty?”, le pregunté a Fer.  El americano debía hacerse cargo de un tour de compatriotas y llevarlos a pasear por San Telmo.  Así que los tres teníamos noche libre para salir.

www.fotopaises.comRestaurante con show de tango for export.  Un afiche en la entrada que mostraba a Malena, la artista en cuestión, deslumbrante frente a un micrófono.  No era una artista mediática, por supuesto, pero no sé por qué me resultaba conocida.  Como sea, dimos uno, dos, tres pasos hasta la puerta y una manota amenazante nos pidió que nos detengamos.  “¿Los señores tienen reserva?”, preguntó ella, vestida con un smoking.  Ella era la misma lesbiana que días atrás vigilaba la puerta de la disco.  ¡¿Podía ser?!  “¿Pero cuántos trabajos tenés?”, le pregunté.  “¿Tenés reserva, sí o no?  Mirá flaco que acá no vas a entrar dándole un besito a tu novio…”, la semisonrisa socarrona de la torta era indignante.  Le di mi nombre, buscó en su lista y nos permitió pasar.

Como ya se habrán imaginado, aquel lugar no encajaba con el gusto de Gabriel.  “¿Estás seguro de que este es el sitio al que querías venir?”, le pregunté.  “No hay nada de lo que haya estado más seguro, mi amor”, respondió mi roomie.  En fin…  Ya habíamos ordenado para cenar cuando llegó al lugar un contingente de americanos, bastante escandalosos por cierto.  Se ve que venían de bares, dada la graduación de su alegría.  Liderando el grupo, Scott.  “¡Feliz coincidencia!”, protestó Fer.  Él y Scotty intercambiaron miradas.  “¿No vas a saludarlo?”, le pregunté.  “Está trabajando, dejémoslo tranquilo -contestó y acto seguido miró a Gabriel- ¿Justo a este lugar se te tenía que ocurrir venir?”  “Nadie las obligó y fueron ustedes las que quisieron sacarme a pasear –protestó Gabi- ¡Qué injustas que son!”

Así de tenso estaba el clima en nuestra mesa cuando las luces se atenuaron y el show comenzó.  Malena, salió al escenario y cantó su primera canción, entre aplausos y vivas americanos.  La luz iluminó su rostro tanguero, de rasgos pronunciados y demasiado maquillado, y en ese momento supe dónde la había visto.  Sin más, era la travesti que acompañaba a Rodri en la disco.  Miré con furia a Gabriel.  Gabriel arqueó una ceja y sonrió.  “¡La encontré!”, dijo con satisfacción.  “Te felicito –le dije- ¿Y ahora qué vas a hacer?”

brotesdeesperanza.spaces.live.comMalena finalizó su primera interpretación y Gabriel y yo seguíamos discutiendo.  “¡Nos vamos ya a casa!”, decía yo.  “¡De ninguna manera! –retrucaba Gabriel- ¡Quiero mirar su cara y gritarle lo que siento!”  “¿A ella?  ¡No tiene sentido!”, yo estaba decidido a impedir cualquier tragedia.  “No -dijo Gabriel y señaló al escenario- A él”.  Desde bambalinas apareció Rodri, exhibiendo un smoking y un estudiado caminar tanguero.  Antes de que pudiéramos recuperarnos de esta entrada, Malena y Rodri bailaban un tango con demasiada pasión.  Con la furia del despecho Gabriel quebró el gricín que tenía en sus manos.  Yo miré derrotado a Fernando, quien se encogió de hombros.

Pero ese acto no terminaría allí.  Malena y Rodrigo bajaron del escenario para sacar a bailar a gente del público.  ¿Y quiénes estábamos en la primera mesa, bien al alcance de sus miradas?  Por supuesto, nosotros.  Malena, ignorante del tempestuoso entorno que la acechaba y con los reflectores sobre sus ojos, extendió su mano hacia mí.  “¡No!”, grité desesperado.  En mi vida di un paso de tango.  Pero ella insistió y yo, antes de que permaneciera más tiempo cerca de Gabriel, decidí aceptar.  Y ahí fuimos, al medio de la pista, ella graciosa y ágil en sus movimientos, yo torpe y temeroso, sonriendo por no llorar.

Por su parte, Rodrigo se dirigió a una chica de la mesa de al lado.  Parece que ella tampoco sabía bailar porque se tapaba la cara con las manos y negaba con la cabeza.  Suerte para ella que alguien más se le anticipó para acompañar al repositor devenido en danzarín.  Fue Gabriel.  Así nomás.  Frente a la vista atónita de todos, Gabriel se había parado y había caminado hacia Rodrigo.  Lo había tomado del brazo y lo había invitado a bailar.  Rodrigo empalideció.  Frente a todo ese público, ¿qué se suponía que debía hacer?  Pues no hizo nada, fundamentalmente porque Gabriel se ocupó de todo: lo abrazó y empezó a caminar al compás del bandoneón.  Los americanos empezaron a aplaudir de pie, gritando “¡Freedom, Freedom, Freedom!”.

tampico.olx.com.mxTodo habría sido un éxito, si mi compañera no hubiera percibido la situación.  Tras haber dibujado sobre el piso un ocho perfecto, Malena me abandonó en el medio de la pista y taconeó hacia los ex-amantes.  Malena empujó a Gabriel, quien cayó de cola contra el piso.  Los vivas, la orquesta y el murmullo se interrumpieron.  “¡Fuera de mi show, enana roba-hombres!”, gritó Malena.  Mi roomie se levantó, impasible.  Ignoro si ya lo tenía planeado o fue improvisación, pero hizo lo peor que creo que puede hacérsele a una travesti.  Tomó impulso y saltó hasta alcanzar un mechón de la peluca de Malena; tiró con furia y dejó al descubierto la rapada cabeza de la travesti.  Malena profirió un agudo chillido y salió corriendo hacia bambalinas.  Gabriel miró a Rodri, desafiante.  Rodri fue claro: “Sos la peor persona que conocí en mi vida”, y salió tras Malena.  ¡Chan-Chan 1!

Mientras tanto, Fernando decidió acercarse al grupo de americanos para saludar a su pareja.  Más ebrios que al principio, todos festejaban la escena que acababan de presenciar.  El más borracho parecía justamente Scotty, quien estaba brindando con dos rubios con excelentes torsos desnudos.   “Pensé que estabas trabajando”, tiró Fernando.  “Lo estoy”, respondió Scott alargando las vocales.  “¿Siempre te emborrachás en los tours?  ¡Me das vergüenza!”, acusó Fernando.  “No es novedad –dijo Scotty, mientras derramaba algo de cerveza sobre el pecho de uno de los rubios- Siempre te doy vergüenza”.  “Eso es mentira”, gritó Fer, viendo como al rubio le agarraba piel de pollo y lanzaba unas carcajadas histéricas.  “Con tu hija te doy vergüenza, con tu familia te doy vergüenza… -continuaba Scott- ¿Acaso tu pasado hétero te hace mejor persona?”  Y habiéndose expresado en tan claro español, Scotty se perdió entre el abrazo de sus rubios amigos.  ¡Chan-Chan 2!

Reuní a Gabriel y a Fernando, justo cuando la torta vigilante se nos acercó.  “Los señores se van a tener que retirar de este lugar”, dijo con su habitual parsimonia.  “Los señores ya nos retirábamos”, le contesté.  La torta señaló la peluca que aún sostenía Gabriel: “Eso no es tuyo, devolvélo”.  Gabriel escondió el trofeo detrás de su espalda.  Intervine, tratando de ser conciliador: “¿Cuál es tu nombre?”, le pregunté.  Tras una pausa, me respondió: “Verónica”.  “Verónica –le dije- a mi amigo le rompieron el corazón; te aseguro que tiene derecho a llevarse esa peluca.”  Verónica arrugó su entrecejo.  Probablemente mis palabras carecían de sentido para ella.  Sin embargo sentenció: “Llevate la peluca, pero acá no pisan más”.

www.tempsdoci.comFernando, Gabriel y yo caminábamos sin rumbo fijo por una calle de San Telmo, en absoluto silencio.  Definitivamente, los tres veníamos de mal en peor.  De pronto, Gabriel se detuvo; se calzó la peluca de Malena e improvisó un show.  Los tres dejamos escapar las primeras carcajadas de aquella noche.  ¡Chan-Chan 3!

Bonus Track

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