11. Malena y Rodrigo (flashback)
No es justo que la vida nos sorprenda así. Cómo puede ser que la última vez lo hayamos visto acomodando dos plantas de lechuga en una góndola de supermercado y ahora le saque viruta al escenario con sus zapatos de charol. ¿En qué momento aprendió a bailar el tango? ¿O es que ya sabía? Bien, volvamos al meollo del asunto: la última nochebuena.
Mientras Diego y yo nos encontrábamos en La Pampa, a punto de padecer una cena familiar, Gabriel y Rodrigo cruzaban el umbral del supermercado, echados, expulsados, señalados y acusados por sus excesos de amor. Por más súplicas que Gabriel le hubo gritado, Rodri ni siquiera lo miró. Siguió caminando con paso lento pero constante, hasta que finalmente dobló una esquina y desapareció.
“Él volverá”, le dijo Scott durante la cena. Pero Gabriel sabía que había sucedido algo irreversible aquella tarde. No estaba seguro, no podía identificar un concepto, pero sabía que de alguna manera ese día había marcado un antes y un después. Ni las anécdotas de Fernando, que esa nochebuena estaba de lo más dicharachero, lograban distraerlo de sus angustias. La ansiedad le había impuesto una rutina agobiante; cada minuto extraía su celular y revisaba los mensajes. Nada. No podía ser que Rodri prefiriese pasar nochebuena solo; porque Gabi sabía perfectamente que Rodri se encontraba solo. ¿Qué podía estar haciendo?
Lo que mi roomie no se imaginaba es que la culpa que carcomía a Rodri hasta la vergüenza lo había conducido hacia la iglesia en donde Doña María, la centinela celestial que había denunciado la cópula corrupta, repartía entre los mendigos los alimentos que el supermercado le donaba. La mirada de Doña María es poderosa. Rodrigo no toleró su intensidad y cayó de rodillas implorando perdón. Y así fue como ella, oliendo a santidad, se acercó y acarició la cabeza gacha del judas verdulero. No sólo lo perdonó, sino que lo invitó a colaborar con su buena obra, repartiendo alimentos por el vecindario. Y así lo hizo Rodri.
Ya se habían alejado bastante de la iglesia y sólo restaban visitar un par de plazas, en donde se sabía que había mendigos por alimentar y contener. Pero Rodri nunca llegó tan lejos. En una de las veredas que caminaron, sentada sobre el cordón, lloraba una mujer que a Rodri lo impactó. Doña María, que a esas alturas ya estaba borracha de bondad, le sugirió a Rodri que se acercara y consolara a la pobre infeliz. Y así siguió su camino Doña María, rodeada de su séquito de incorruptibles colaboradores. Y así se acercó Rodri a quien se lamentara con un llanto que al repositor se le antojó encantador.
Rodri se sentó a su lado y, contagiado por la gracia de Doña María, empezó a hablar. Se preguntó en voz alta qué podía haber hecho sufrir a tal belleza para que llorara tan amargamente. Y no era que su llanto a él le molestara, porque incluso las lágrimas no podían opacar su belleza. Era simplemente un pena que una mujer tan hermosa sufriera en nochebuena. Y claro que tanta dulzura, que encima provenía de un chonguito tan bien proporcionado, hizo que Malena se calmara y esbozara una sonrisa. Por supuesto, esa sonrisa desencadenó varios mecanismos en el organismo de Rodri; entre ellos, una aceleración del ritmo cardíaco.
Y así comenzaron a contarse sus males. Sin entrar en demasiados detalles, Rodrigo denunció un inoportuno despido, en nochebuena, sin indemnización alguna y sin dónde caerse muerto. Por su parte, Malena había sido sorprendida ese mismo día por los efectos de una quimioterapia. Pasó su mano por sus cabellos y entre sus dedos se quedaron un par de mechones color castaño. Rodri empezó a relativizar sus problemas y en un impulso de amor abrazó a Malena por sus hombros y más tarde la besó.
“¿Sabés cantar? ¿Actuar? ¿Bailar?”, le había preguntado Malena, camino a su casa. No importa que nada de eso supiera Rodrigo. Aprendería. Ella se encargaría de eso. Esa noche, él conoció la casa de Malena, un antiguo conventillo de la Boca, que ella y sus amigos habían reciclado. “¿Dónde estabas, negra?”, preguntó un gordito simpaticón y bastante borracho. Rodri no se había imaginado que tendría una nochebuena tan bulliciosa y divertida. A partir de aquella noche, nuestro ex repositor conocería la bohemia de un grupo de artistas que sobrevivían entre espectáculos tangueros y producciones de teatro off.
Rodri estaba tan agradecido por este encuentro que incluso rezaba. Le rezaba a Dios, a la Virgen, a los Ángeles y hasta a Doña María. Jamás se hubiera imaginado a alguien tan adecuado para él, como Malena. Ella era una mujer, pero era más que una mujer. Era perfecta. Y por su parte Malena no hubiera podido encontrar una contención mayor que la de Rodrigo. Cada pequeño capricho era satisfecho por él. La acompañaba siempre al médico, a sus exámenes, a su aborrecida quimio. Fue él quien rapó su cabeza cuando a ella le tembló la mano para hacerlo. Ella gritó que era un monstruo sin sus rizos castaños. Él le juró que nunca permitiría que la insultaran por eso, que quién lo hiciera se arrepentiría para siempre. A los pocos días de haberse conocido, no podían separarse un solo minuto.
Rodrigo se daba más maña para los arreglos escenográficos que para los pasos de baile. Sin embargo, el grupo quería exhibir su morocha estampa arriba del escenario, por lo cual le enseñaron un par de pasos básicos y algunos trucos para zafar. Y Rodri se largó. Un poco torpe por los nervios de sentir miradas y reflectores sobre sí, se trabó en algunos pasos; pero salió adelante porque hacia Malena debía dirigirse y… ¡qué linda que estaba! Vestido negro, con un escote que ofrecía sus senos como una fruta condenada a ser disfrutada, mordisco a mordisco. Indudablemente, aún quedaban residuos de su anterior actividad en las metáforas que Rodri elaboraba en su cabeza de enamorado, mientras se acercaba a la estrella del tango alternativo. El primer abrazo, los primeros pasos, el primero tango que juntos bailaron: Los Mareados.
La noche del debut de Rodrigo salieron a bailar. Había mucho que festejar; su amor, su arte, una nueva vida juntos. La disco estaba atiborrada de gente, superpoblada. Sin embargo, ellos se sentían solos y dueños del lugar. Sólo percibían su amor. No había nadie a su alrededor. Tanto así, que Malena no se dio cuenta del taco que le clavó a un pobre infeliz que coincidió en su camino. Se dio vuelta, apenada. También lo hizo Rodri, cuando notó que ella se había detenido. Bueno, bueno, un pisotón tampoco es tanto drama. ¡Marica tenía que ser la víctima, para quedarse mirándola tan fijo, como si en lugar de haberlo pisado lo hubiera encañonado con una 45! Basta. No se merece ni unas disculpas. Media vuelta y a seguir para delante. Sin embargo, ahora es Rodri quien se detuvo. ¿Qué le pasaría a su bomboncito? Nada. Debió haber sido el alcohol, nomás. Sacudió su cabeza, dio media vuelta y empezó a caminar. Sin embargo, esa noche no dijo nada, ni hizo nada, que fue lo peor.
Y así llegamos a la noche del escándalo, la cuarta aparición de Rodri en escena, una más en la vasta trayectoria de Malena. ¡Ay, por qué esa estúpida turista no quiso salir a bailar! ¿Por qué dio lugar a que él apareciera, así de la nada, y lo abrazara delante de todo aquel público, que encima lo festejó? ¿De dónde había salido Gabriel? ¿De dónde? ¿Cómo habían sido cómplices sus amigos de semejante canallada? Pero lo peor de todo, lo realmente imperdonable, fue el agravio de dejar a Malena expuesta y vulnerable frente a su público. No había tenido tiempo en ese momento, porque la urgencia era contenerla a ella. Sólo había podido escupirle un par de palabras atragantadas por la bronca: “Sos la peor persona que conocí en mi vida”. Luego se encargaría. Estaba seguro de que Dios, la Virgen, los Ángeles y Doña María le regalarían la oportunidad para vengar a Malena.
Próximo posteo: viernes 18 de abril
on Abril 7th, 2008 at 19:41
Excelente!!!! Impresionante giro!!!! Aguanten los flashbacks!!!
on Abril 7th, 2008 at 20:26
Se agradece.
on Abril 7th, 2008 at 21:27
Adhiero a Rubén, qué giro!!!!
Matador el final como siempre, que lo deja a uno a 120 en primera, pero excelente que publiquen cada quince días! BUENISIMO!!!!
Saludos!!!!
on Abril 8th, 2008 at 18:57
Lean, como siempre nos dejas con ganas de saber más….un saludo y hasta el próximo blog.
Rafa
on Abril 8th, 2008 at 20:10
Muy bueno Lean!! Cada vez mejor juntando de a poco cabos sueltos y detalles que parecian perdidos. Me haces acordar muchisimo a El Tunel, de Sabato.
Gracias genio
on Abril 8th, 2008 at 20:37
Qué bueno que les gustó el flashback (tenía mis serias dudas).
Majo: te agradezco la comparación, pero es too much!!!, jajajaj Beso.
on Abril 14th, 2008 at 3:00
siempre amague para entrar a leerte.. me queria tomar mi tiempo.. y es asi q hoy me lei todo d una.. me encanta.. necesito mas.. muy bueno d verdad.
gracias por ayudarme a distraerme
exitos
on Abril 14th, 2008 at 7:38
Gracias y bienvenido, Joe.
on Abril 14th, 2008 at 15:26
Hola Lean!!!!! Me encanta tu columna, posteá mas seguido, una cada 15 es poco, QUEREMOS MAS!!!!!Yo que estaba del lado de Gabi, y ahora me hiciste imposible odiar a Malena!!!!!Te dejo un besote y seguí asi, mua!
on Abril 16th, 2008 at 7:49
Colkets! Te juro que yo también estaba del lado de Gaby, pero no sé qué pasó… ¡Los personajes cobran vida propia! ¡Un beso!
on Abril 21st, 2008 at 0:30
Necesito el proximo posteooo leannnn

hurry up!!!!
jajaja
exitos