Bola de Espejos


23. Sin Conciliación

Posted in Tiempo real, Español, General by admin on the Abril 10th, 2009

Por Leandro Fogliatti 

www.robertamsterdam.comEl Dr. Martín Rivas se hizo presente en el juzgado cuando el abogado mediador estaba por reagendar la audiencia de conciliación.  “No encontraba lugar para estacionar”, fue su excusa, pronunciada a viva voz, mientras recorría con su mirada de buitre carroñero a cada uno de los hacía rato presentes, hasta detenerse en mí para sonreírme y saludarme con una inclinación de cabeza y un repugnante “Sr.  Fogliatti”.  No le contesté.

Mery Elein se sentó a mi derecha y Gonzalo, el Dr. Gonzalo César Braga Saldívar, mi defensor, se acomodó a mi izquierda.  En frente se instaló el Dr. Rivas, sin su defendido, Diego, quien no solía acudir a estos acontecimientos legales por encontrarse todavía bajo la depresión de la cual se me acusa.  Entre Rivas y nosotros, el abogado mediador, cuyo nombre no agregaré a este relato para no abrumar con información innecesaria.

Como en la audiencia anterior, el mediador comenzó por recordar los cargos en mi contra, que iban desde la inducción de Diego al suicidio, pasando por invasión y destrucción de su propiedad privada, hasta la agresión física.asesordebolsa.blogia.com

Nuevamente me declaré inocente, a través de mi defensor, y una vez más el denunciante ratificó todos y cada uno de los cargos expresados.  En ese estado, palabra contra palabra, habíamos permanecido desde hacía unos meses.  Y, justamente, para evaluar la veracidad de mis palabras, la justicia había recurrido a Mery Elein, quien como psicóloga había estado analizando la correspondencia entre mi discurso, mi psique y mis comportamientos.

Y ahí estaba la licenciada, explicando cómo mi actividad de escritor había ejercitado la capacidad de crear y recrear mundos ficticios con una sólida coherencia, pero significativamente divorciados de la realidad.  Como podrán apreciar, Mery Elein no estaba colaborando con la defensa de la autenticidad de mi discurso.  Sin embargo, no podía enojarme con ella; no hacía más que decir la verdad.  Si bien la mayoría de mis historias se originan en hechos reales, y Bola de Espejos es un fiel ejemplo de ello, es a través de la escritura que manipulo tales acontecimientos a mi antojo.

eutravesa.wordpress.comPongamos por caso a Nacho. ¿Qué fue, al fin y al cabo, lo que pude vivir con él?  Nada.  Un par de encuentros y yo estaba como una princesa del Medioevo, suspirando por la ventana de mi castillo, para luego sentirme como Cenicienta en plena faena, cuando mi amado me informó que mis sentimientos eran exagerados y no correspondidos. Esa patética realidad era la que yo trabajaba en mi escritura para transformarla en algo medianamente interesante, o al menos tolerable. Así que Mery Elein tenía toda la razón del mundo: si algo de mi vida tenía sentido, era sólo a través de mi escritura, en donde yo tenía el poder de modificar los hechos para lograr alguna chance de ser feliz.

La voz del Dr. Braga Saldívar, mi defensor, me trajo nuevamente a la realidad, cuando declaró que estos análisis carecen de sustento jurídico, sobre todo si se basan en una actividad profesional, como la escritura.  Braga Saldívar retó al mediador a que reclame las pruebas necesarias para avanzar a una instancia judicial o bien que anule todas las acusaciones por ausencia de evidencia.

blog.frisbury.comNo voy a negar haber experimentado una gran satisfacción por mi defensor. Incluso en ese momento lo vi más rubio, más robusto, más agresivo…  una suerte de vikingo letrado.  Pero el entusiasmo me duró bastante poco, porque a su turno el Dr. Rivas anunció que el estatus de esta causa estaba a punto de cambiar.  En los últimos días había aparecido un testigo que había presenciado cómo yo, Leandro Fogliatti, había agredido físicamente a Diego, comprometiendo seriamente su vida.

21. Rutinas

Posted in Tiempo real, Español, General by admin on the Marzo 14th, 2009

Por Leandro Fogliatti

d3rdeye.wordpress.comA veces me pregunto si existe alguna persona que carezca de rutinas.  Alguien cuya vida sea un imprevisto cada día, una hoja en blanco; alguien que posea un espíritu tan libre que sea capaz de no repetir jamás ninguna experiencia.  Pero, por más vueltas que le dé al asunto, siempre me termino respondiendo que una conducta tan extrema no podría ser posible.  Y es que la sola idea de vivir con ausencia de rutinas no encajaría en ninguno de los sistemas que organizan nuestra existencia.  Es más, suponiendo que algún aventurero se lance al experimento y para ello se aleje de la civilización y establezca su campo de acción en una isla desierta, sin reglas ni controles de ningún tipo, estoy convencido de que finalmente sus esforzadas acciones por innovar diariamente y evitar reiteraciones de ningún tipo terminarían también convirtiéndose, más tarde o más temprano, en nuevos hábitos (si no pierde su cordura en el intento), lo que irremediablemente me lleva a concluir que necesitamos de las rutinas.

“¡Me estoy aburriendo, Sr. Fogliatti!”, protestó Mery Elein, y luego me invitó a dejar de parlotear para disfrutar plenamente del porro que me había convidado.  No puedo evitarlo, cuando fumo marihuana me vuelvo reflexivo.  Le recordé a mi terapeuta que no sólo debía permitirme hablar, sino que además debía escuchar atentamente cada palabra de mi discurso, que era en definitiva la materia de su análisis.  “¡Entonces, cuénteme algo divertido!, retrucó la muy perra.

www.todohurones.comPara Mery Elein el Cannabis era una herramienta terapéutica que ayudaba eficazmente a algunas personas para relajarse, derribar sus defensas psicológicas y expresar en palabras aquellos pensamientos que no se suelen permitir aflorar.  Así que, ya desde nuestra segunda sesión, Mery Elein me había clasificado como miembro de esta especie necesitada de una fumatina, y siempre me esperaba con la hierba lista para consumir.  Y así era cómo solíamos terminar sentados sobre la alfombra, la espalda contra el escritorio de la Licenciada, despatarrados y en silencio, con la mirada perdida en el florero de enfrente.  Y esta era una rutina que compartíamos con Mery Elein.  Una agradable y clandestina rutina.

Pero también hay rutinas más simples, y sobre todo más reglamentarias, como la de sacar la basura todos los días.  Fue precisamente con este nuevo hábito que Noelia había sorprendido hasta la emoción a su madre.  No era para menos.  Se trataba de la primera demostración de pacífica convivencia que  Laura había recibido de su hija, desde que la justicia había alejado a Fernando de sus vidas.  Luego de la sentencia que prohibía a mi amigo acercarse al domicilio donde residían su hija y su ex-mujer, la relación entre madre e hija se había enturbiado tanto que Laura llegó a sufrir la horrible sensación de que Noelia la odiaba.  Sin embargo, tras semanas de incómodos silencios y/o monosilábicas respuestas, su hija le proponía ayudarla con los residuos.  No fue que a partir de entonces los monosílabos se convirtieran en prosa, pero se trataba de una indiscutible actitud de cooperación.

Es cierto, entonces, que necesitamos de las rutinas.  Pero no es menos cierto, sin embargo, que ellas dependen de nosotros.  Quiero decir, los hombres somos sus ejecutores, podemos crearlas, eliminarlas, modificarlas, suspenderlas o retomarlas.  Diego ha retomado su rutina de ejercicios en el gimnasio.  Su entrenador de siempre, Guido, lo ha recibido con entusiasmo y lo está cuidando como nunca antes lo había hecho con nadie, independientemente de su sexo, que ya sabemos que Guido era www.koaching.esbastante parcial en estos menesteres (http://sentidog.com/boladeespejos/2007/11/09/6-role-play/).  ¿Y qué ha debido ocurrir para que estos dos se acerquen tanto, después de haberse ladrado durante meses, que tal vez hayan sido años?  Por ahora es un misterio, que tal vez se haya desarrollado conforme también lo hacían sus rutinas de ejercicios.  Pero si de un misterio se trata, entonces tal vez nos convenga dejar de escribir sobre él.

Y aunque nos parezca contradictorio hablar de misterio cuando nos estamos refiriendo a las rutinas, es buen momento para confiarles que desde siempre he temido que esos hábitos tan arraigados, que uno repite mecánicamente, y por esta misma razón se los suele bendecir con un manto de inocencia, por pensarse como costumbres inimputables, como acciones desprovistas ya de toda intención, esos hábitos tan arraigados, repito, siempre me han dado la espeluznante impresión de que esconden un misterio mucho más profundo que la simple rutina que disfraza su superficie.

Por citar un ejemplo, y les pido que seamos tan francos como objetivos en nuestras observaciones, ¿qué fin persigue la rutina de travestirse y contemplarse ventana a ventana con un ex-amante?  ¿Para qué dedicaría Gabriel tanto esfuerzo?  Esperar a que Fernando y yo nos ausentemos del departamento, enviar un mensaje de texto en clave , maquillarse, vestirse y esperar hasta que el chongo de sus sueños, conquistado y perdido, amado y odiado, disfrutado y padecido, asome su cuerpo moreno y desnudo, entre las sombras de la incoherencia.  No se alcanza a comprender en su totalidad.  Y es que hemos arribado a un nivel de análisis en el que la rutina ya no es tan simple.  Y si ustedes no están de acuerdo conmigo, explíquenme entonces por qué Laura habría de esperar hasta que Noelia se duerma para hacer algo tan sencillo como un llamado telefónico y escuchar embelesada la voz que la hace sonreír todas las noches, después de que por tanto tiempo se sintió insultada por el ex-marido que la reemplazó por un hombre.

imagenes.solostocks.comY explíquenme también por qué ese ex-marido, Fernando, mi amigo, mi nuevo room-mate, abandona nuestro departamento a las siete de cada tarde, con la excusa de comprar pan para la cena, cuando la mayoría de las veces esa comida nos la provee un delivery, con panificados incluidos.  La respuesta es angustiantemente sencilla: la rutina de Fernando esconde un misterio.  Miente cuando expresa en voz alta su excusa, aunque más tarde regrese con una bolsa de pan, porque antes de llegar a la panadería Fernando se desvía hacia la dirección donde vive su hija.  Las rutinas se ejercitan y perfeccionan con el tiempo.  La espera de Fernando no suele ser mucha, tan sólo el tiempo justo para que Noelia anude la bolsa de los residuos, le pida a su madre las llaves del departamento, deje la basura en el cuarto del edificio destinado para tal fin y, cautelosa, baje los escalones que le restan para alcanzar el hall central, abrir la puerta de calle y encontrarse con su papá.  Sólo les queda tiempo para darse un beso y desearse buenas noches.  No pueden demorarse más.  Laura sospecharía.

19. Siete meses después…

Posted in Tiempo real, Español, General by admin on the Febrero 15th, 2009

Por Leandro Fogliatti

elpasatiempo.org¿Alguna vez hicieron terapia?  Hasta el momento yo no había sentido la necesidad de sentarme sobre un diván y tener que narrar, de manera clara y coherente, mis secretos ante un extraño que me observara en silencio, registrando algunas notas en una libretita que quién sabe en dónde terminaría, mientras mi temperatura aumentara, el rubor se me instalara en mi cara, el volumen de mi voz disminuyera y yo me hiciera chiquito, chiquito, hasta dejar de existir .  Pero ahora las cosas se habían enredado tanto que…  ¡Mierda!  Tampoco es que necesitara estas inútiles sesiones; más bien me las habían impuesto.

María Elina era el nombre de la Licenciada en Psicoanálisis que me habían asignado como terapeuta.  Pero antes que su licenciatura, “Mery Elein” (tal como ella prefería que la nombrasen), era una nena bien que ya en la primera sesión me había contado cuán regularmente había visitado durante su niñez el palacio de la familia Duhau para tomar el té.  Creo que yo podía tolerar todo de Mery www.genciencia.comElein, todo excepto su  M. E. T., un bombardeo de breves preguntas, sin ningún sentido para mí.  “¿Desodorante o antitranspirante?”  “¿Tránsito normal o constipación?”  “Sexo oral: ¿con o sin preservativo?” “¿Vinagreta o acceto?”  “¿Boxer o slip?”  “¿Hilo dental o enjuague bucal?”  Me hacía sentir que estaba completando una encuesta de la revista Vosotras, que tantas veces había hojeado durante mi pubertad, instalado cómodamente en algún sillón de la peluquería de mi tía Poly, allá, en La Pampa.  Y, después de todo, ¿qué se suponía que Mery Elein iba a concluir de mis respuestas?  ¿Que yo era un neurótico?  ¿Un perverso capaz de asesinar a mi madre, conservar el cadáver en su dormitorio y hacerme pasar por ella, mientras administro un motel, al costado de una ruta?  ¡O peor aún!  ¿Un psicópata que manipula a las personas para inducirlas al suicidio?  “¡Diego!”, grité cuando yo creía que mis razonamientos se desarrollaban discretamente en el seno de mi pensamiento.

es.wiki2buy.comRegresé a mi departamento más deprimido de lo que me había ido.  Gabriel y Fernando estaban terminando de organizar los muebles para lo que sería nuestra nueva etapa juntos.  Fernando había dejado para el final un portarretratos con la foto de Noelia.  Luego de recorrer con la mirada el atestado ambiente, decidió que el lugar más conveniente sería la superficie de un módulo que le servía, al mismo tiempo, como mesa de luz y biblioteca para guardar sus libros y papeles.  Con Gabi nos dimos cuenta de que Fer estaba padeciendo uno de sus episodios.  Desde que el Juez le había ordenado que no se acercara a Noelia, cada vez que ahora pensaba en su hija, mi amigo se ausentaba algunos instantes, perdido en un horizonte sin solución.

Definitivamente, Fernando y yo necesitábamos visitar un bar.  Invitamos a Gabriel, pero nos rechazó diplomáticamente.  ¡Tenía tanto por hacer!  Por ejemplo, todavía no había terminado de clasificar el nuevo material de Kylie y Madonna.  ¡Sus divas estaban más activas que nunca!  Y era imposible organizar responsablemente tanta producción.  Mentira de room-mate, claro está.   Lo que en realidad Gabriel  tenía que hacer, una vez que Fernando y yo lo dejáramos solo, era enviar un simple mensaje de texto por su celular, con la clave “malena”.  Luego, debía bañarse, maquillarse, acomodarse la peluca que su amiga le legara antes de morir y lucir un llamativo vestido, que seguramente había diseñado y cocido él mismo, en los tiempos muertos del taller del teatro Colón. doppelanger.blogspot.com  ¡Ah!  Y no nos olvidemos de los zapatos con tacos cada vez más desafiantes, accesorio fundamental, sobre todo si Gabi pretendía alcanzar la altura que en vida ostentó Malena. Luego, no restaba más que acercarse a nuestro balcón y esperar, hasta que por la ventana de un departamento del edificio de enfrente, disimulada entre sombras, asomara la silueta de Rodrigo, ex repositor, ex danzarín, de misteriosa ocupación actual.

Mientras tanto, Fernando y yo intentábamos expresar un brindis con nueve copas de tequila encima.  No nos juzguen, era parte de mi terapia.  Sólo seguíamos obedientes el consejo que Mery Elein me había dado aquel día, luego de que yo le gritara que ya no la soportaba más.  “Le sugiero que esta noche busque un amigo y se evada un poco.  ¡Emborráchese, incluso!  Porque le aseguro, señor Fogliatti, que usted podrá cambiar de terapeuta, si así lo prefiere, pero nunca va a poder cambiar lo que hizo, aquello por lo que su libertad pende de un hilo”. 

14. Bosque

Posted in Tiempo real, Español, General by admin on the Mayo 17th, 2008

Por Leandro Fogliatti 

www.elrincondelmanga.com“Queridas mamás y queridos papás, es un gran orgullo para mí presentarles un número especial, que nuestros niños y docentes han preparado con esfuerzo y dedicación.  Con esta humilde adaptación de Sueño de una noche de verano, una de las más famosas comedias de Shakespeare, queremos que aprecien el desarrollo artístico de los alumnos de seis, siete y ocho años.  Por supuesto agradecemos muy especialmente a aquellos padres que aceptaron colaborar e incluso participar de esta puesta en escena “.

Dora Sánchez Cabral de Petrucci es un residuo de la educación argentina de antaño (por utilizar uno de sus adverbios temporales predilectos).  La retórica de su pomposa presentación nos remite a una época extinguida, vagamente recordada, o bien nos alerta sobre un desequilibrio psicológico, que sin dudas ha resultado del ejercicio de la docencia a lo largo de tantas décadas.

Como sea, anticuada o medio loca, Dora estaba al frente de esa institución educativa y asumía sus responsabilidades de directora con el mismo ímpetu (sustantivo que le encanta pronunciar, remarcando hasta el chillido el esdrújulo acento) del primer día, hace 35 años atrás.  Así las cosas, nadie se explica cómo la vieja Petrucci sigue todavía en pie.  Y es que Dora tiene un secreto.  Es algo muy simple, de lo que tal vez ella nunca haya tomado real conciencia: las vísperas de un acto escolar la hacen vibrar de una euforia tal que su arquitectura hormonal es reactivada por sospechosos impulsos de adrenalina, desarrollando una especie de muralla anti-age contra el deterioro de su docto organismo.

“Pero no los quiero demorar más; no posterguemos el comienzo de este clásico maravilloso”, dijo Dora, mientras esforzaba los músculos de su rostro para lograr una estirada sonrisa.  Y en un acto de arrojo (otro de sus sustantivos más usados), elevó su mano derecha para señalar el escenario con glamuroso ademán y así declarar con imperativo entusiasmo: “¡Que comience la función!”.

www.flogup.comEl telón se descorrió y expuso ante la audiencia a una hermosa princesa, que no era otra que Noelia interpretando su primer papel sobre un escenario.  Cuenta Shakespeare que la princesa sufría penas de amor, pero Noelia estaba tan feliz de actuar que el resultado era una princesa lamentándose con una sonrisa de oreja a oreja.  El público festejó esta particular interpretación y Noelia sonrió aún más.

Dora Sánchez Cabral de Petrucci quiso este año reforzar el concepto de familia e involucrar a padres, hermanos, tíos, etc. en diferentes actividades escolares.  Un acto escolar es siempre una buena oportunidad para colaborar.  Así que todos los alumnitos volvieron a sus hogares con una invitación a participar del teatro shakespereano.  La invitación que había traído Noelia inicialmente no fue leída por Laura, que sufría una auditoría externa en su oficina y no tenía tiempo ni para quitarse el esmalte de las uñas.  Tampoco fue leída por Fernando, a quien mi editora Paula estaba volviendo loco con el diseño del libro El sexo de la paz, de Natalio Pérez, y su campaña de difusión en gráfica.  No señor.  Quien notara la invitación, dejada como al descuido sobre un rincón oscuro de la mesada de la cocina, fue Scott.

Y así anduvo el americano, imaginándose lo lindo que sería participar.  Nada le costaba a él pararse frente a un público y declamar, puesto que de una u otra forma esto mismo hacía todos los días, al guiar por Buenos Aires a todos esos turistas compatriotas suyos y relatarles historias maravillosas (y muchas veces fantásticas) acerca de cómo se construyó tal edificio, o qué sucedió en aquella esquina durante el virreinato español, o por qué tal calle se llama como se llama.  Claro que, cuando continuó leyendo la invitación, cayó en la cuenta de que el papel que la escuela le proponía al tutor de Noelia era el de un árbol, desprovisto de parlamentos e incluso movimientos.  Aún así, tras una pausa de frustración artística, nada le importó al americano, porque repentinamente sintió deseos de estar allí, junto a Noelia, sea como sea.

Pero la vida es muy corta y bastante dura, sobre todo si tu pareja tiene un pasado hétero y la dueña de ese pasado es Laura.  Ella le había impedido a Scotty acompañar a Noelia a la escuela, tiempo atrás, por lo tanto mucho menos podría compartir con la niña un escenario.  Para colmo de males, su relación con Fernando navegaba por aguas turbias desde que se había emborrachado con aquel contingente de turistas, la noche en que nuestros mentones alcanzaron nuestros pies cuando vimos bailar a Malena con Rodrigo.

audionews.wordpress.comEntonces, ¿qué debía hacer el padrastro americano?  Dado que ni con Fer ni con Laura podía sostener una conversación amigable, y estando yo de viaje por Mendoza, el único consejo habilitado era el de Gabriel.  Scott se decidió y se llegó hasta el lugar de trabajo de mi room-mate.  Subió las escalinatas, pidió orientación en la recepción y un amable empleado lo guió hasta el subsuelo del Teatro Colón.  Porque allí era donde trabajaba Gabriel, en los talleres de vestuario.  Tan extenso como una cuadra de calle es el lugar del que hablamos, escondido en las entrañas del famoso edificio.  Tras recorrerlo unos metros, Scott se encontró con Gabi, concentrado en operar una máquina de coser.  Scotty lo saludó y mi roomie se sobresaltó, dejando rodar por el piso un par de canutillos.

Puesto al tanto de las circunstancias, el vestuarista meditó unos instantes.  A Gabriel siempre le habían conmovido los paternales sentimientos de Scott hacia Noelia y le parecía injusto que lo alejaran de ella.  Por lo tanto, su consejo fue que transgrediera las laurísticas reglas que le habían impuesto.  Y acto seguido condujo al apesadumbrado americano por interminables percheros atestados de trajes, hasta que dieron con varios disfraces de árbol. Con la felicidad pintada en la cara, Scott eligió el que más lindo le pareció.

En el escenario, la princesa debía reunirse clandestinamente con su amado, a media noche, en un claro del bosque encantado.  En dicho claro sólo había un árbol y allí habían acordado encontrarse.  Imposible perderse, entonces (digo yo, que nunca salí de la ciudad).  Pero el problema fue que Noelia giró sobre sus pies y no vio un árbol en la escenografía de fondo.  Vio dos.

Resulta que, tarde pero seguro, Fernando había encontrado la invitación escolar.  Pero a diferencia de Scotty, no significó tanto una alegría como un imprevisto en su atiborrada agenda.  Por supuesto, Fer había telefoneado a Laura para comunicarle la noticia y, por supuesto, Fer y Laura habían discutido al respecto.  Laura presentía una incontrolable claustrofobia si se encerraba en un disfraz de árbol.  Y Fernando no tenía ni tiempo ni ganas de transpirar dentro de un tronco de goma espuma.  La discusión nunca terminó.  Fernando y Laura se cortaron prácticamente al mismo tiempo, enojadísimos y sin llegar a ninguna conclusión.

Así que Fernando se cruzó de brazos y miró a Noelia, que aquel día dibujaba feliz sobre una cartulina, ajena a todos los problemas del mundo adulto.  Y en ese momento el gesto enojado en el rostro de mi amigo se relajó y Fernando decidió que después de todo valía la pena transpirar un poco para ver sonreír a su hija.  “Pero, ¿de dónde sacaría un disfraz?”, se preguntó.  “¡Gabriel, por supuesto!”, se respondió.  Gabriel lo miró sin entender, pero optó por no preguntar nada, ya que hacía tiempo que había decidido no meterse en los asuntos de Fer y Scotty.  Si querían otro disfraz de árbol se los daría.  En el Colón había muchos.

Entonces, la princesa y el príncipe se miraron desconcertados, porque no sabían hacia qué árbol dirigirse.  Y Dora Sánchez Cabral de Petrucci contuvo su respiración al darse cuenta de la duplicación de roles que se estaba experimentando sobre el escenario.  Por suerte, Noelia estaba decidida a que nada obstaculizara su interpretación.  Así que agarró de la mano a su príncipe y con salomónica decisión lo condujo hasta instalarse entre los dos árboles, para alivio de las maestras organizadoras y para satisfacción de la sobresaltada directora.  Sin embargo, en el justo momento en que la princesa Noelia abría la boca para declamar su clásico parlamento, un tercer árbol tropezó al intentar ingresar al escenario y cayó en el medio de la escena.

Y la cosa había sido que, tras cortar abruptamente la comunicación telefónica con Fernando, a Laura le había entrado la culpa, se había sentido una madre indiferente y se dijo a sí misma que vencería la claustrofobia, que mandaría al diablo sus compromisos laborales y que estaría presente a como diera lugar en la obra de su hija.  La redundante pregunta también visitó los pensamientos de Laura: “¿De dónde voy a sacar un disfraz de árbol?”  Y, por supuesto, la trillada respuesta no se hizo esperar demasiado: “Pero, claro; si Gabriel es vestuarista del Colón”.  Y fue así que Gabriel prestó el tercer disfraz de árbol, cada vez más intrigado, pero manteniéndose firme en su propósito de no inmiscuirse en la vida de esa familia.

www.mediterranea.orgY allí estaba Laura, tirada en el escenario, desesperada  por su claustrofobia, clamando por ayuda.  Inmediatamente, los otros dos árboles intentaron ayudarla, pero se enredaron entre sus ramas y terminaron en el suelo, representando más bien la tala de un bosque antes que un clásico de Shakespeare, una suerte de involuntaria denuncia ecológica.

Noelia se había quedado dura, sin capacidad de reacción.  ¡Sus padres (todos sus padres) habían arruinado su debut como actriz!  Pero la princesita no pudo reflexionar nada más.  Porque, al mismo tiempo, un desmayo fatal se registraba en la platea.  Dora Sánchez Cabral de Petrucci nunca había experimentado tal frustración escénica.  Y la adrenalina que revitalizaba sus hormonas de pronto le jugó en contra ante este inesperado accidente, resultando en la inversión de su singular proceso fisiológico, lo que se tradujo en una aceleración del envejecimiento.  Y allí, en pleno acto escolar, la Petrucci se murió.

El resto de la jornada se sucedió conforme al siguiente orden: 

  • Llamado desesperado de ambulancias

  • Procedimiento de corte longitudinal del disfraz de Laura

  • Medicación para calmar la crisis fóbica de Laura

  • Declaración de defunción de Dora Sánchez Cabral de Petrucci

  • Enojo furioso de Noelia con cada uno de sus padres

  • Improvisación para velar a Dora Sánchez Cabral de Petrucci en la escuela (según su voluntad, registrada y documentada)

El velatorio de la difunta directora resultó tan singular como su existencia.  Varios padres y alumnos permanecieron disfrazados, incluso Scott se demoró en deshacerse de su vestuario de árbol, hasta que Fernando lo amenazó con podarle todas las ramas.

www.ojodigital.netEl enojo de Noelia duró varios días, exactamente hasta que acompañó a Fernando al Colón para devolverle a mi roomie sus disfraces.  En un momento en que su papá se retiró al baño y ella y Gabriel quedaron solos, éste le preguntó por qué estaba tan callada.  La oportunidad no hubiera sido mejor para que Noelia descargara sus pesares.  Sin embargo, mi querido roomie le sugirió otro punto de vista.  En lugar de sentirse decepcionada por sus caóticos y demasiados padres, también podría sentirse querida, al punto de que no uno, ni dos, sino tres padres estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por ella, incluso disfrazarse de árboles.  Cuando Fernando regresó, finalmente Noelia volvió a sonreírle, así como más tarde les volvería a sonreír a Laura y a Scott.

Próximo posteo: sábado 24 de mayo

13. Viaje de trabajo (primera parte)

Posted in Tiempo real, Español, General by admin on the Mayo 7th, 2008

Por Leandro Fogliatti 

inkartproducciones.files.wordpress.comLa literatura de Natalio Pérez ostenta una mezcla tal de espiritualidades legendarias y folclóricas que francamente no pude discernir un mensaje claro.  Así, los saberes budistas se enredan con los islámicos, los mayas y los toltecas, conformando un raro corpus, un desborde de información imposible de coordinar, lo que se dice un verdadero moco, cuyo único remate posible es precisamente el que le asesta el autor: un par de cachetazos de la carne más maciza, con los que define ejercicios sexuales, posiciones para cópulas exitosas y consejos para orgasmos eternos.  Tardé en leer El sexo de la paz lo que duró el viaje en ómnibus a Mendoza.  Cuando finalizaba cada capítulo miraba de reojo a mi compañero de viaje, el autor de esa sintaxis perturbadora, que yacía a mi lado, recostado y relajado, con la boca entreabierta, una pasta de saliva acumulada en las comisuras y un ronquido infernal.  “Atragantate con la lengua y morite de una vez”, pensé varias veces durante ese largo viaje.  Pero nada ocurrió.  Natalio continuó con vida, roncando sin piedad, y yo persistí en la condena de leer sus experiencias sexuales y sus plagios espirituales.

conexionuruguay.gub.uyNo hay caso.  Cuando a uno no lo convence un texto no puede hacer mucho para promocionarlo.  Tal el caso, seleccioné al tun-tun un par de párrafos y armé una gacetilla para distribuir a los medios locales que Paula me había seleccionado previamente.  Sin embargo las tareas de prensa y difusión no suelen ser fáciles y requieren de contactos y paciencia.  Ni lo uno ni lo otro podía acreditar yo en aquella oportunidad.  Los contactos directamente no existían, a no ser por un par de teléfonos o e-mails que mi editora me había agendado.  La paciencia estaba agotada, luego de haber convivido un par de días con Natalio.  ¡No fue nada fácil, para que sepan!  Valga como ejemplo el hecho de que no podíamos almorzar en cualquier restaurante; debía ser uno estrictamente naturista, para evitar que fritos, grasas y carnes varias contaminaran a través del estómago la inmaculada espiritualidad del autor.  Mientras añoraba hasta las lágrimas una buena milanesa de ternera, yo me preguntaba si el organismo de Natalio contaba con algún excepcional conducto que uniera los intestinos con su alma.  Y no menciono la cena porque tal ceremonia era sustituida por un caldo de verduras y un té de rosa mosqueta.  Y eso no es cena, que no me jodan.  Tampoco fue fácil encontrar una habitación, ya que Natalio se guiaba rigurosamente por las reglas del Feng-Shui para las cuestiones edilicias y la distribución del mobiliario.  Así fue que recorrimos, brújula en mano, seis hoteles y tres albergues, hasta que finalmente terminamos en la habitación de una casa de familia que se rentaba para turistas.  Paula se alegraría, la tarifa era notablemente más económica que el primer hotel que visitamos.

www.shyiam.comLa familia en cuestión estaba conformada por una viuda que había superado hacía cinco años las cuatro décadas y sus dos hijos, Elisa y Santiago, de 15 y 17 años, respectivamente.  Matilde nos brindó el cálido recibimiento del que sólo es capaz el anfitrión del interior de nuestro país.  Si bien se trataba de una circunstancia imprevista, también debo reconocer que me sentí beneficiado por la aparición de esta familia, ya que contribuyeron a distraer mi atención de la existencia de Natalio.  Sin embargo, muy pronto Matilde, Elisa y Santiago se toparon con el estilo de vida particular del escritor.  Resultó ser que su única prenda era la anaranjada toga que ya a estas alturas me lastimaba la vista.  Así pues, cuando tocaba limpiarla, en agua jabonosa primero y en leche tibia después, el tiempo que duraba este proceso el señor andaba libre de cuerpo por la vida.  ¡En pelotas!  En la casa de la familia mendocina, en el salón donde daría su conferencia, en el Vaticano mismo si así lo demandaran las circunstancias…  ¡Donde fuera!  Ante la expresión atónita y escandalizada de los miembros de la familia, lo llevé al dormitorio y me aseguré de que su toga estuviera lista en no más de una hora.

www.luppirepuestos.com.arEs increíble cómo la vida puede lograr que valoremos situaciones o experiencias que en otro momento pasaron desapercibidas.  Nunca me hubiera imaginado que una lavandería podía convertirse en un oasis para mí.  Allí estaba yo, sentado, mirando como un infeliz los giros que la toga naranja daba dentro de un lavarropas, cuando mi celular sonó y vi que era Diego.  “Gracias por llamar”, fue lo primero que pude decir.  “¿Estás bien?”, me preguntó él.  “¡No!”; le dije al borde del llanto y la histeria.  Y le conté todas mis desventuras mendocinas.  Sin darme cuenta me fui poniendo de mejor ánimo.  “Paula me dijo que iba a encontrar la manera de ayudarme con la organización de la conferencia de Natalio, pero no sé qué tanto pueda lograr a la distancia…”, yo me lamentaba.  “Todo saldrá bien”, me reconfortaba Diego.  “Quiero estar con vos”, le dije.  “Te voy a estar esperando”, me prometió.

Muy bien.  Ya estaba de mejor humor para enfrentar lo que restaba de esta bizarra experiencia.  Sin embargo, en la casa de Matilde me aguardaban dos sorpresitas:

1)     Al abrir la puerta de la habitación me encontré no con uno sino con dos cuerpos desnudos, en tántrica situación.  Matilde comenzaba a comulgar con las ideas y, sobre todo, las prácticas que Natalio profesaba.

2)     Al cerrar desesperadamente la puerta y volver a la cocina de la casa me encontré con él y la toga de Natalio se me cayó de las manos.

www.demene.com“Me pidió Paula que te ayudara a organizar la conferencia”, dijo y reforzó sus palabras con una de sus malditas y hermosas sonrisas.  Así que esa era la ayuda de mi editora…  “Tengo algunos contactos que nos pueden ayudar –dijo, mientras se me acercaba peligrosamente- conozco bien la zona, no te preocupés más”.  ¡Que no me preocupe!  ¡Ahora era cuando empezaba a preocuparme!  ¿Cómo se suponía que pasáramos el resto de los días en Mendoza?  ¿Durmiendo los tres en la misma habitación, con Natalio?  ¡Tal vez ahora se nos agregue también Matilde!  O uno de sus hijos…  ¡O los dos!  Porque ya puedo esperar cualquier cosa de este viaje.  En fin, ¿qué podía hacer yo?  Me tragué la sorpresa, sepulté en la retórica todas mis ridículas preguntas y sólo abrí la boca para saludarlo.  “Hola Nacho”.

Próximo posteo: viernes 23 de mayo

12. Histeria otoñal

Posted in Tiempo real, Español, General by admin on the Abril 22nd, 2008

Por Leandro Fogliatti 

espanol.istockphoto.comLas hojas moribundas se desprenden de sus ramas para iniciar una muerte urbana, sucia, indiferente.  Sonreí orgulloso de cambiar, aunque más no sea en una oración, el sino romántico que suele estampársele al otoño.  Era como un ejercicio literario; como un desafío a la habilidad lingüística de recrear subjetivamente una posible mirada de las cosas.  Mentira.  Simplemente era capaz de perder el tiempo en cualquier cosa, antes que hacer lo que tenía que hacer.  Me alejé de la ventana y me acerqué a Diego, quien ya alcanzaba la abdominal número 236.  “No transpiraste ni una gota –me dijo Diego, entre la 237 y la 238- ¿Cómo hacés?”  “No haciendo”, le dije con franqueza.  Y me retiré del salón.

Que no haya chorreado transpiración no significa que no tenga derecho a higienizarme.  No suelo usar las duchas del gimnasio (tanta exposición de cuerpos y testosterona termina poniéndome incómodo), pero aquella era una tarde con bastante actividad para mí y debía presentarme en las oficinas de Paula en menos de una hora; no hacía tiempo de volver a casa.  Así que había ido al gimnasio preparado con un bolso y una muda más o menos presentable.  Quien tampoco solía frecuentar el vestuario era Diego.  Sin embargo resultó que ese día tendría una cita más cerca del gym que de su casa y se organizó igual que yo.  Entonces, habiéndonos despedido en el salón, nos reencontramos en las duchas, como nunca nos habíamos visto antes, cuando yo ya me estaba enjabonando. Les quiero confesar que me sentí raro.  Y creo que Diego también, porque se sorprendió al verme, se paralizó un instante y luego trató de desenvolverse con naturalidad.  Es decir, él y yo hemos desarrollado cierta amistad y vernos en esta situación, no sé…  De pronto me sentí como una quinceañera mojigata y pudorosa.  ¿Por qué!  ¿Puede acaso una ducha alterar una amistad entre gays?  Seguramente para cualquier varón hétero esto no implicaría ningún planteo, pero no es el caso.  Y por otra parte, Diego tiene un cuerpo excelente; no en vano lo trabaja regularmente con tanto empeño.

www.allposters.comLo que hasta ese momento más o menos tratábamos de sobrellevar alcanzó su extremo cuando Guido, nuestro entrenador, se sumó, con la desnudez de su cuerpo inflado.  “¿A vos te parece lo que me hacen hacer?”, protestaba el entrenador mientras misteriosamente rociaba espuma para afeitar sobre su pecho.  La tarea que le habían asignado era sencilla: afeitarse el pecho para poder ser pintado en la presentación de una nueva clase aeróbica.  Con Diego intercambiamos rápidas miradas.  Entendíamos que a Guido le molestara ser lienzo para un bodypainting, pero sabíamos perfectamente que le fascinaba exhibirse.  Adivinamos inmediatamente que detrás de esas protestas se escondía una euforia que no tardó en manifestarse.  “Encima yo tengo tres pelos locos –explicaba nuestro entrenador, mientras se afeitaba- ¡Miren!”, y se volvió hacia nosotros, no sólo mostrándonos la plenitud de su pecho, sino la de todos los atributos que yacían en el mismo frente de su cuerpo.  Era demasiado para mí.  Aunque no me había terminado de enjuagar, cerré mi ducha y me fui a vestir.  Mientras huía tuve que reconocer tres cosas: nuestro entrenador podía ser insoportable, pero estaba bárbaro; Diego era mi amigo, pero cada día tenía un mejor cuerpo; en el futuro evitaría terminantemente las duchas del gimnasio.

www.amel.clAgitado y desprolijo, sin embargo llegué puntual a la reunión con Paula.  Cuando todavía estábamos a solas, mi editora quitó un poco de jabón de mi lóbulo izquierdo y me acomodó algunos mechones de pelo, todavía húmedos.  Después llegó Natalio Pérez, autor del libro El sexo de la paz, algo así como un kamasutra tántrico.  Miré a Paula desconcertado.  Ella nos presentó y rápidamente entró en tema: “Me parece que sos la persona indicada para acompañar a Natalio en una gira para presentar su libro por algunas provincias del interior”.  Si bien Paula se refería a mí, en ningún momento dejó que su mirada se apartara de la de Natalio.  Había una conexión atípica entre ellos.  ¿Sería tantra?  Natalio no movía un músculo, y si lo hacía resultaba imposible percibirlo debajo de su toga naranja, que vestía orgulloso.  Y así transcurrió el resto de la reunión, ellos dos observándose y yo respirando a su lado.  Paula esbozando un borrador de periplo y yo imaginándome cómo podría convivir con Natalio durante sus presentaciones.

Cerré la puerta de mi departamento con un suspiro.  Tanto Gabriel como Diego se volvieron hacia mí.  Gabriel desbordaba entusiasmo, y no era para menos: había encontrado a alguien que, quizá por cortesía, había accedido a escuchar su versión biográfica de Whitney Houston, con videos inéditos y diferentes versiones de un mismo tema.  Diego, en cambio, lucía apesadumbrado y me dirigió una mirada de agradecimiento, por el solo hecho de haber entrado.  ¡Pobre víctima!  “¿Qué hacés acá?”, le pregunté.  “Hoy te fuiste tan rápido del gimnasio, que olvidaste tu celular”, me respondió.  “Está cada día más tonta, no me extraña”, elcabeza.wordpress.comacotó Gabriel, mientras movía su cabeza al ritmo de I’m Every Woman.  Diego sonrió y me alcanzó el celular extraviado.  Tal vez la intimidad de una ducha no cambie nada entre dos amigos gays, después de todo.  Quizá le estoy dando demasiadas vueltas a algo que no debería moverme un pelo.  ¿O sí?

Gabriel salió, no sin antes dejarme en claro con un silencioso movimiento de labios que Diego le parecía muy lindo.  Diego y yo improvisamos unos fideos con salsa y nos relajamos con un Chardonay.  La pasamos bien.  De hecho, la pasamos muy bien.  

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