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Pueblo chico, infierno grande

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Fuente: Dos Manzanas

¿Es posible salir del armario en un pueblo?
¿Es posible salir del armario en un pueblo pequeño?

El siguiente es un extracto de uno de los artículos que forman parte de “Al otro lado del armario”, una sección de Dos Manzanas escrita por Pablo López, psicólogo clínico y director de educadiversa.org, que versa en torno a la Psicología y a la Educación sobre la diversidad afectivo-sexual y prevención del maltrato en el aula.

 

No es lo mismo descubrir que te atraen las personas de tu mismo sexo en una gran ciudad, donde te beneficias del anonimato, coexiste mucha más gente (por tanto, más gays y lesbianas) e incluso hay locales y asociaciones homosexuales, que en un pueblo.

Un pueblo para un adolescente homosexual puede convertirse en una auténtica cárcel donde te falte el oxígeno, pese a que a priori se respira mejor que en la gran urbe. Se trata de una microsociedad donde todo el mundo se conoce y, por lo tanto, el/la adolescente teme no poder gestionar sus tiempos a la hora de “salir del armario”, no hacerlo a la velocidad que quiere y con la gente que le apetece. Normalmente, carece de más referentes gays y lesbianas y, por consiguiente, habrá más dificultad para conocer a otro/a adolescente homosexual que viva en su pueblo, que lo manifieste abiertamente y que luego, además de todo eso, le guste.

A todo eso se le puede sumar, también, que la población de ese pueblo esté muy envejecida, que se hayan criado en una época donde el ser homosexual era lo peor que se podía ser e, incluso, se iba a la cárcel por ello. Entonces, estos vecinos, tendrán que encararse a la homosexualidad desde el prejuicio y la homofobia.

Ante esta situación, el adolescente homosexual se sumerge en internet buscando una válvula de escape. O en aplicaciones como el Grindr. Y lo que encuentra, en ocasiones, es gente mucho más mayor que él o ella, personas que solo buscan un contacto sexual o que el gay o la lesbiana más cercano/a esté a más de 100 kilómetros. Frente a estas circunstancias, este/a adolescente esperará con ansiedad cumplir los 18 años para poder marcharse a una mediana o gran ciudad donde poder ser tal y como es.

De cara a este “exilio” obligado, nos encontramos ahora con muchas parejas homosexuales que deciden volver a los pueblos a vivir allí sus vidas y su amor. Y de esta manera, los vecinos ven que esas dos mujeres viven juntas en la casa del final de la cuesta y no se hacen llamar “amigas” sino que son pareja. Y la vecina se la encuentra cuando va a por el pan. Y habla con una de ellas. Y no solo eso, sino que es normal, con una conversación interesante, problemas normales y con dificultades para llegar a fin de mes como la mayoría de la gente. Y quizá, de esta manera, los prejuicios se destruyan también en ese bonito pueblo. Y el/la próximo/a vecino/a homosexual que nazca en él, muy probablemente, no tenga que marcharse. Tendrá en el pueblo ese referente y puede que, debido a ello, en el colegio no se rían de él/ella. Y encuentre otro/a adolescente homosexual que también se haya decidido a vivirlo abiertamente del que poder enamorarse y disfrutar del primer amor, sin tener que retrasar esa vivencia a cumplir la mayoría de edad. Y puede que se plantee el formar una familia. E, incluso, porque no, quedarse en el pueblo.

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