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«Esperando a Godot»: la dialéctica del amo y del esclavo

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Esperando a Godot de Samuel Beckett con dirección de Rubén Pires. Martes 20:30 hs en El Tinglado Teatro.

Por Facundo Soto

Esperando a Godot de Samuel Beckett con dirección de Rubén Pires. Martes 20:30 hs en El Tinglado Teatro.
Esperando a Godot de Samuel Beckett con dirección de Rubén Pires. Martes 20:30 hs en El Tinglado Teatro.

Una pareja de hombres, que hace 60 años no se separan ni por un segundo, atraviesan el tiempo y el espacio mostrando su relación sado-masoquista. Uno de ellos es Lucky (Afortunado), y aparece siendo arrastrado de una soga, por su amo (Pozzo), quién nunca lo llama por su nombre sino que le dice Mierda o Cerdo.

Mierda cumple todas sus órdenes, incluso cuando le pide que piense; y ahí no sólo queda al descubierto que el pensamiento es una acción, sino el grado de poder, extremo y profundo ¿sin límites? que tiene uno sobre el otro. Lucky solo puede pensar cuando su amo, Pozzo, se lo ordena. “Mierda, ahora pensá”. “Basta, cerdo. Ya fue suficiente”, dice Pozo satisfecho con ojos de aceituna, contemplando con satisfacción las asociaciones libres y locas del pensamiento de su esclavo, al que sólo le suelta la soga para que piense; pero al que hace descansar parado y con las valijas en la mano.

Didi y Gogo, 50 años de estar juntos, esperan a Godot; y mientras lo esperan: juegan, pasan el tiempo mostrándonos que la vida no tiene sentido. También juegan a que son Lucky (Carlos Lipsic, director y protagonista de Eperes) y Pozzo (Eduardo Lamoglia, ex director del Teatro San Martín, dirigió más de 20 obras, entre ellas Prohibido suicidarse en Primavera, 11 Código para ciegos), pero se trata de un juego y se dan cuenta que ellos no pueden ser otros. La existencia. La identidad. Los temas metafísicos y filosóficos completan la obra, bordeada por estas relaciones de personajes tan intensos como pop. No se ponen contentos cuando no tienen nada para hacer, se quieren matar ahorcándose de la rama de un árbol, porque sufren cuando nota que empequeñecen. Se tocan y creen que ahorcándose es una forma de lograr la erección que ya no tienen (juntos). Pero la rama no soportará tanto peso, dice uno, y el otro asiente.

Esperando a Godot, escrita por Samuel Beckett, Premio Nobel, 1969, en francés y traducida al inglés, la primera lengua de Beckett, por el mismo, fue publicada en 1955; y estrenada al año siguiente en Buenos Aires en el Teatro Universitario de Arquitectura. La obra, fundadora de la modernidad, inaugura el teatro neovanguardista del siglo XX y es, curiosamente, una obra gay-queer; aunque se haya pasado de lado este aspecto que; quizás, es el más importante que la modernidad nos vino a traer, y que en esta impecable versión de Rubén Pires (nominado a mejor director del mundo, premio ACE mejor protagónico, premio Estrella de Mar 2003, dirigió Macbeth, El hombre de la flor en la boca, entre otras) queda al descubierto: la relación de estas dos parejas de hombres, más un chico anunciante de Godot (Sebastián Mouriño, trabajó en Container, es asistente de dirección, muy guapo, trabaja con máscaras y en escenografía), no aparece ninguna mujer en escena.

En esta exquisita puesta queda de manifiesto lo que antes estaba dicho entre líneas. La obra es tan gay como queer: haciendo que los límites, de una y otra definición, choquen y se mezclen hasta difuninarse. La notable traducción corre a cargo del director y también de Hugo Halbrich. Didi es Gerardo Baamonde, danza teatro, bailó en La Duarte, donde interpretó a Juan Duarte junto a Eleonora Cassano, quién hizo de Evita. Gogo es Héctor Días, formado por la escuela de Pompeyo Audivert y director de Paria.

A la noche Gogo desaparece, dejando a Didi cuando duerme. Además, Gogo, quiere abandonar a Didi, pero siempre vuelve, golpeado por desconocidos, al amanecer. La lucha entre el abandono y la compañía, la compañía más algo que no se sabe, se vuelve amor; y el amor, más el tiempo (como una fórmula humana) crea la necesidad. Entonces aparece la tensión. La duda. El deseo del desprendimiento, el que Gogo anhela (Didi no soporta más su olor a patas y Gogo parece buscar otra cosa). La dependencia. La compañía. El aburrimiento. El asesinato al tiempo. Y el dolor físico de los golpes que Gogo recibe cuando se mete, vaya uno a saber a dónde, y otra vez vuelve, como en loop, noche tras noche, cagado a palos por desconocidos. Pero siempre vuelve al mismo lugar: dónde Didi lo espera. Ahí aparece el abrazo, el reencuentro; el dolor se va, no hay reproches ni culpas. La obra cambia de color y resplandece, como sus protagonistas y espectadores. Sin embargo, Didi, que parece tonto, medio clown, y es claramente el más afeminado de los dos, dice: “Estoy perdiendo la memoria”, pero sabemos que es una decisión consciente, una estrategia ¿será el más inteligente de los dos?

No existe uno sin el otro. Didi y Gogo, es el anagrama de dos personas que se complementan como si fuesen una sola persona. Cuando alcanzan ese lugar de unidad, DiGo, dicen: “Soy feliz”. Al rato se preguntan: “¿Qué hay después de la felicidad?”

Pero es la otra pareja, la sado-masoquista, la que les muestra el dominio de uno sobre el otro, llevado al extremo.

En tiempos donde el sexo está liberado, una cuota de amor y ternura, como nos muestran Didi y Gogo en escena, priorizando su relación sobre las preguntas metafísicas que los atraviesan, parecen encontrar la respuesta: uno no existe sin el otro. Pero después quieren dejar de existir. Desprenderse. Y las preguntas vuelven, junto a las dudas, el anhelo y la impotencia. La obra termina, pero ellos siguen preguntándose, haciéndonos preguntar cosas… dialécticas…

 

Esperando a Godot de Samuel Beckett
Dirección: Rubén Pires
Elenco: Gerardo Baamonde, Héctor Diaz, Eduardo Lamoglia, Carlos Lipsic, Sebastian Mouriño

El Tinglado Teatro. Martes 20:30 hs.
Para más información, ingresar a la página de Facebook de la obra.

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