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La Fábrica de Tortas: chicas cocinando buen cine

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"Pastel de cereza" es la creación dirigida por Jessica Praznik que compite en este BAFICI dentro de la categoría Cortos Argentinos.

Por Lucas Gutiérrez

"Pastel de cereza" es la creación dirigida por Jessica Praznik que compite en este BAFICI dentro de la categoría Cortos Argentinos.
«Pastel de cereza» es la creación dirigida por Jessica Praznik que compite en este BAFICI dentro de la categoría Cortos Argentinos.

En el conurbano dos amigas adolescentes tejen una historia. Andan cocinando un vínculo sin mucha etiqueta y con más mambo adolescente que de género. Pastel de cereza es la creación dirigida por Jessica Praznik que compite en la edición número 18 del BAFICI dentro de la categoría Cortos Argentinos. No compite dentro de alguna categoría LGBT, compite como lo que es: un corto con una historia.

Ver una historia por la sexualidad de sus protagonistas es reduccionista. Por eso cuando a la directora y parte de la productora La Fábrica de Tortas le preguntamos qué opina cuando sus creaciones son así rotuladas, responde lo siguiente: “Comprendo la etiqueta, pero no hago cine LGBT, cuento historias en las cuales los personajes tienen la elección sexual que quieren tener”. Y remata: “El día que entendamos que el cine es cine vamos a estar bien”. Y así lo vio la gente de BAFICI que incluyó su última creación dentro de la competencia de Cortos Argentinos.

Praznik comprende la responsabilidad enorme que es hacer cine, que durante la cantidad de minutos que dure su película una cantidad de personas estarán inmersas en esa realidad. “O al menos eso intentamos”, dice. Ella es de una generación que miraba por I-Sat las primeras series lésbicas como The L Word. Entonces sabe eso de buscarse en la pantalla, de pedir respuestas e identificación. Habla de hacer para ser visibles, enfatiza en sentimientos y problemáticas que trasciendan el nicho, “que la historia y los personajes le ganen al género”.

Después de la muerte de su abuela, la directora sintió un estancamiento. Pastel de cereza apareció como el momento de poner a dialogar la realidad LGBT; no como sus conflictos más transitados y recurrentes, sino poner a constelar las generaciones que conviven entre sí. “Entendí que necesitaba dejar de mostrar la realidad LGBT como un conflicto por sí mismo, y empezar a mostrarla como un conflicto ligado a cada generación”, explica sumando a esto la esperanza de que en la sala de cine lleguen más miradas. Que las abuelas, madres y las mismas adolescentes encuentren que su producto ayude a naturalizar la temática.

 

Las pibas tienen voz

¿Qué pasa cuando las historias que incluyen lesbianas son narradas por otras personas? ¿Qué se pierde en esa mirada externa?

Praznik asegura que «el problema es que se enfocan en que esos personajes sean de agrado para los hombres heterosexuales. Ese es el gran error. Soy de la idea de que los personajes tienen que enamorar al espectador más allá de su género y/u orientación».

«¡Estamos en el 2016, no podemos seguir justificando la homosexualidad! Que a esta altura existan directores que necesiten incorporar a su historia una violación, una mala experiencia amorosa con un hombre, un padre ausente, entre tantas otras, para justificar que sus personajes son lésbicos me parece una cargada. ¡No hay que justificar nada!, ni en la vida real, ni en el cine. Esas son las cosas que nos hacen retroceder como sociedad», agrega.

 

Las protagonistas

Naiara Awada y Malena Villa son Sofía y Luján. Recorren esta historia en sinergia con el concepto: la historia no se centra en un conflicto de identidad sexual, sino en un conflicto propio de la edad; el eje es la historia y no el género. Las dos muestran un compromiso y profesionalismo que hace que durante todo el corto el diálogo entre producto y espectadores sea fluido. Alrededor suyo orbitan familias, amigos, sociedad y tantos elementos que influyen y hacen de esta una historia completa para que al salir de la sala siga latiendo el conflicto generacional, de género, de crecimiento, de ser e identitario. Pastel de cereza no se cierra a una etiqueta, se abre a una interacción generacional muy necesaria en un 2016 que todavía sectoriza cuando se necesita integración y diálogo.

Otro gran protagonista del corto es el conurbano. Los mundos que se alejan de las capitales son diferentes. Están quienes persiguen el sueño de las luces de la gran ciudad, pero quienes todavía habitan la periferia tienen otros obstáculos.

“Viví en provincia hasta los 25 años y me acuerdo que cada cosa que hacía mi vieja de una forma u otra se enteraba. Alguien siempre te ve, el hijo del diariero, la vecina de la coordinadora de la remisería, la mujer del señor del almacén, todos están ahí siempre. Comprar puchos, una birra, chapar en la calle, ratearte; todo llega tarde o temprano. Entonces el conurbano es un personaje más en la historia. Vos sabés que está ahí observándote siempre. Por eso te vas a capital, porque la gente está en otra, no te conoce nadie”, cuenta Praznik desde su casa (hoy en capital) custodiada por su gato Ramón.

 

Las tortas están al horno

Esto sigue. Antes de Pastel de cereza, La Fábrica de Tortas había filmado Pastel de colibrí y ahora lo que sigue es un largo que continúe la saga. La vida después es lo que viene. En esto están las otras dos partes fundamentales de la Fábrica: Mariana Point y Pepa Astelarra. Astelarra es la guionista, productora y asistente de dirección. Point es está a cargo de la producción, dirección de arte y parte del sonido directo y música original. Las tres son los nombres más repetidos en una ficha técnica que habla de hacer y crear con mucho esfuerzo y pasión. Los resultados lo valen.

El recorrido ya comenzó, y ahora es momento de que podamos verlo y acompañarlo. Acá se fabrican historias sobre las relaciones, el amor, la familia, la vida, la muerte y claro, lo que viene… la vida después. Es una propuesta que despeja las X y las XX y las XY y las XXY y le brinda muchas más letras que la LGBTIQ y colores que una sola bandera. Es una propuesta plural y necesaria para todo público, de esas que empieza en una sala de cine y no termina nunca. Sigue.

 

Pastel de cereza:
Sofía tiene dieciséis años, le gusta hablar con su hermana mayor que vive en capital y fumar a escondidas. A María Luján, su mejor amiga, le gusta el café negro y las galletitas de manteca. Tiene novia y nunca duda en hacer lo que siente, pero una noche tiene su primer temor: Sofía besa a una chica. A Luján la invade el amor y la certeza de que enamorarse no es una opción.

Teaser:

Pastel de cereza integra la competencia de Cortos Argentina de Cortos de BAFICI

Domingo 17 – 17:30 h
Village Recoleta Sala: 7

Lunes 18 – 16:00 h
Village Recoleta Sala: 7

Miércoles 20 – 18:00 h
Village Recoleta Sala: 7

Para más información ingresar a la ficha de la película en la página del BAFICI.

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