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Incidentes en el Orgullo 2016: crónica de una marcha anunciada

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El acto final de la marcha del orgullo se debió suspender porque desde el público arrojaron piedras, palos y huevo al escenario. El final de una marcha que se parió caldeada no sorprende pero indigna y entristece. ¿Cómo llegamos a este final de noche?

Por Lucas Gutiérrez

El acto final de la marcha del orgullo se debió suspender porque desde el público arrojaron piedras, palos y huevo al escenario. El final de una marcha que se parió caldeada no sorprende pero indigna y entristece. ¿Cómo llegamos a este final de noche?
El acto final de la marcha del orgullo se debió suspender porque desde el público arrojaron piedras, palos y huevo al escenario. El final de una marcha que se parió caldeada no sorprende pero indigna y entristece. ¿Cómo llegamos a este final de noche?

La Marcha del Orgullo 2016 inició con polémica. Dentro de las subconsignas, las que hacían referencia a la legalización de marihuana y a la persecución política a Milagros Sala fueron dos ejes de la controversia. El no pronunciamiento dentro de estas consignas a la emergencia nacional -no declarada por el Estado- por faltantes de reactivos y medicación para atender a pacientes con VIH y SIDA fue otro de los reclamos en redes sociales. Si bien luego se habló de esto en el escenario principal, en las subconsignas no estuvo presente. Otra polémica fue la elección del grupo pop Bandana como banda de cierre. Habiendo tantxs intérpretes LGBT, queer y demás que necesitan y merecen el espacio, ubicar a una banda mainstream y darle ese lugar le hizo ruido a más de unx.

La marcha no es un panfleto, o al menos, no debería serlo. Estos fueron algunos de los ingredientes que hornearon la previa. Sumémosle un descontento social creciente, el cambio de gobierno y todos esos temas que los medios y los referentes invisibilizan, y tenemos la combinación perfecta para no sorprendernos con lo sucedido.

El sábado nos desafió con una lluvia torrencial, pero eso no amedrentó a miles de orgullosxs que salieron a agitarle al cielo gris. Y marchamos. Pero el arco iris que vino luego no fue del todo dulce y mágico; le sumó a sus colores violencia y reclamo.

Palos, botellas y piedras se pueden encontrar frente al escenario montado frente al Congreso, pero huevos… Eso uno lo trae de su casa con la total intencionalidad de agredir. El grupo de tango y perfomance queer Me gritaron Fifí sabe lo que es respirar tenso aire al proponer algo tan diverso en el universo que habitan, pero no creo que se hubiesen imaginado que en casa, en la marcha que nos debería unir, cuidar y representar, iban a vivir estas agresiones. Mientras tanto Chocolate, la reggaetonera que iba a cerrar el evento, debió quedar tras bastidores y no pudo salir a escena. ¿El motivo? El riesgo de ser agredida. Mientras tanto exponentes, conductorxs, activistas y demás, recibían botellazos, piedrazos, palazos y huevazos. Hubo que suspender el acto por el riesgo de ser agredidxs que corrían activistas, performers y técnicos.

La pregunta es: ¿quiénes son lxs responsables de lo que sucedió el sábado a la noche?

“Fue tal grupo/organización” se lee ahora en las redes sociales. O “fueron infiltadxs”. O “hay bronca con la comisión”. Nada de esto justifica la violencia que vivimos en esta marcha.

Si la violencia desde el público fue por parte de integrantes del colectivo LGBTIQ, estamos ante un peligro aún mayor: compañerxs agrediendo a otrxs compañerxs. Lo que pasó el sábado a la noche no puede ser tomado como algo aislado, si sucedió es porque hemos llegado al punto límite de un diálogo invisibilizado. Estamos ante botellas violentas con mensajes sordos guiando al colectivo a un naufragio directo. Ahora, ¿por qué pasa esto? ¿Qué es lo que no se habla? ¿Qué es lo que no se dice? ¿Qué es lo que se oculta?

Si la violencia vino de grupos homófobos, ¿qué contexto nacional y mundial los empodera para sentirse tan impunes al venir y agredirnos en nuestra marcha de celebración y reclamo? Si fue así, aumentemos las alertas (sí, aún más), porque claramente sienten que el contexto político los apaña.

Mientras nos preguntamos, nos señalamos, y hablamos de lo que pasó al final de esta marcha, hay un silencio contenido. Es el silencio de las compañerxs que ya no están. Nos faltan voces asesinadas, olvidadas, invisibilizadas. Lo que sucedió es completamente repudiable, no nos cansemos de decirlo, pero tampoco nos cansemos de interpelar e indagar por qué sucedió esto. No podemos pensar que solamente “pasó”, acá hay mucho para leer. Vayamos a armar este rompecabezas, o sino aceptemos que se va repetir.

La corrección política no es activismo. El grito sin acción no es solución. La hipocresía ya no tiene cara de enemigo, ahora también marcha con nosotrxs y habla por micrófono. No hay un lado correcto y otro errado, acá hay agresión, y el silencio ya no es respuesta. De ninguno de los lados.

El colectivo LGBTIQ (suponiendo que aún este concepto siga vigente) tiene mucho para dialogar, y ni la invisibilización, ni los tejes ocultos, ni los botellazos son la respuesta.

Asistimos a la violencia entre nosotrxs. El colectivo atacando al colectivo. Cuando pensamos que lo peor que nos podía pasar era que la gente de la ‘Marcha por la familia natural’ agreda o empañe la celebración, cuando pensamos que la lluvia iba a crear inasistencias, cuando pensamos que todo lo externo era nuestra contra, ahora, desde adentro, resulta que somos la grieta. Esto no puede quedar así, esto es un aviso, no podemos desoírlo.

De todo lo sucedido solamente hay un ganador: la homofobia. Los detractores del movimiento ahora tienen una hermosa frase para repetir: “Y claro, mirá, al final les dan espacio y termina todo en quilombo”. Ellos no van a indagar y preguntarse los por qué ni los cómo ni los quienes. Para ellos todo será “cosa de putos” y se empoderarán de esto para seguir excluyéndonos. Ellos nunca se plantearán esto como el estallido de un hervidero. Será esa nuestra tarea entonces.

La polémica está servida, el caos está iniciado. Ahora habrá que hacerse cargo y dar la cara. O sino, habrá que abrazar la frase que las Bandana ayer no llegaron a cantar, porque claramente para este colectivo “llega la noche, llega la noche”. Y con salir a marchar y bailar cubrimos una parte, pero quedan miles más. El orgullo será que dejen de matarnos, invisibilizarnos, negarnos y quitarnos derechos.

Offtopic: Cada año hay otra triste constante que son los robos. Pero este año, personalmente los sentí peor. Veo muchos más mensajes en muros amigxs denunciando haber sido pungueadxs. Y al mismo tiempo, fue una de las marchas dónde más cuerpo policial percibí. Deduzco: la respuesta no es más policía. Reclamo: la respuesta es un Estado que deje de generar pobreza. Sigo marchando.

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